“El Niño” pone en alerta a la minería ecuatoriana: cinco riesgos amenazan la continuidad de las operaciones
La Cámara de Minería del Ecuador y Prófitas analizaron las posibles consecuencias del fenómeno climático sobre el sector. Las afectaciones a la infraestructura, los problemas logísticos y la vulnerabilidad energética figuran entre las principales amenazas.
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El fenómeno de El Niño y minería representan una combinación de riesgos que exige mayor preparación empresarial. Durante un encuentro Café Minero, organizado por la Cámara de Minería del Ecuador y Prófitas, el consultor económico y político Felipe Hurtado examinó cómo los fenómenos climáticos extremos pueden comprometer la seguridad de los trabajadores, la producción y la continuidad de las operaciones mineras.
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A partir de los antecedentes de 1997-1998, el especialista identificó cinco amenazas y planteó estrategias para reducir la vulnerabilidad de las empresas (Hurtado, s. f.).
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El fenómeno de El Niño y minería: las pérdidas históricas evidencian los riesgos
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La experiencia de 1997-1998 demuestra que las alteraciones climáticas pueden generar consecuencias económicas para la actividad extractiva.
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Según las cifras presentadas por Hurtado, los daños a la infraestructura nacional alcanzaron USD 1.036 millones. Además, aproximadamente 2.500 kilómetros de vías principales resultaron afectados.
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En el sector minero, el valor agregado de la extracción de minerales metálicos y no metálicos registró una contracción interanual del 38,3 % durante el período analizado.
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Las inundaciones y los deslizamientos afectaron especialmente a las operaciones de pequeña minería y minería artesanal en El Oro, mientras que las variaciones de los caudales alteraron la extracción de oro aluvial.
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Aunque la estructura del sector ha cambiado, estos antecedentes permiten identificar vulnerabilidades que requieren atención.
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Cinco amenazas para la actividad minera ecuatoriana
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El análisis presentado por Prófitas identificó cinco riesgos que pueden comprometer el funcionamiento empresarial.
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El primero es el impacto humano. Las inundaciones, los deslizamientos y las enfermedades infecciosas pueden poner en peligro a los trabajadores y afectar su capacidad de movilización.
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El segundo corresponde a las pérdidas de producción, ocasionadas por daños directos en las instalaciones o interrupciones en el suministro de insumos.
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El tercero está relacionado con la logística. El deterioro de carreteras y puentes puede dificultar el traslado de maquinaria, minerales y personal, además de incrementar los costos operativos.
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La cuarta amenaza es una posible reducción de la demanda, derivada de la disminución de la actividad económica y los ingresos.
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Finalmente, el quinto riesgo es energético. Los períodos de sequía pueden reducir la generación hidroeléctrica y comprometer el abastecimiento de electricidad, un recurso indispensable para las operaciones mineras.
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Prevención: la clave frente al fenómeno de El Niño y minería
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Ante estos escenarios, Hurtado recomendó fortalecer los planes de contingencia, proteger al personal y priorizar el mantenimiento de infraestructura crítica.
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También planteó identificar rutas alternativas, asegurar inventarios estratégicos y evaluar mecanismos de autogeneración eléctrica.
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Estas medidas buscan reducir las interrupciones operativas y fortalecer la capacidad de respuesta empresarial.