Mirador Norte y Cardenillo: gran inversión abre dudas en Ecuador
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Gobierno plantea hidroeléctrica como llave para desbloquear nueva fase de Mirador II

El Gobierno ecuatoriano propone que Ecuacorriente aporte USD 1.000 millones, en efectivo o parcialmente mediante la hidroeléctrica Cardenillo, para autorizar la segunda fase de la mina de cobre Mirador.

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Mirador Norte y Cardenillo se encuentran en el centro de una negociación estratégica entre el Gobierno ecuatoriano y la minera de capitales chinos Ecuacorriente. El presidente Daniel Noboa anunció, el 26 de octubre de 2026, una propuesta que vincula la ampliación de la mina de cobre Mirador con una inversión millonaria en generación hidroeléctrica.

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El planteamiento podría modificar el futuro de uno de los mayores proyectos de minería de cobre en Ecuador y contribuir al desarrollo de nueva infraestructura energética. Sin embargo, existen importantes diferencias entre los costos anunciados y las estimaciones del proyecto.

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Mirador Norte y Cardenillo: una negociación millonaria

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Ecuacorriente, compañía de capitales chinos, opera desde 2019 la mina de cobre Mirador, en Zamora Chinchipe. Su ampliación, denominada Mirador Norte o Mirador II, esperaba iniciar pruebas durante 2025. Aunque las instalaciones quedaron listas en mayo de ese año, la producción comercial continúa pendiente de autorización estatal definitiva. La relación entre Mirador Norte y Cardenillo surge precisamente de esa autorización pendiente.

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El 26 de octubre de 2026, el presidente Daniel Noboa explicó que el Ejecutivo solicitó un aporte de USD 1.000 millones para viabilizar la extensión. Según su propuesta, la compañía podría entregar recursos directamente al Estado o cubrir una parte mediante inversión en la central hidroeléctrica Cardenillo (Tapia, 2026).

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Cardenillo: diferencias millonarias en su presupuesto

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El mandatario estimó esa planta en USD 600 millones. Sin embargo, el portafolio de proyectos de inversión público privada registra aproximadamente USD 1.680 millones. La diferencia, superior a USD 1.000 millones, plantea interrogantes sobre el alcance de la obra, su financiación y los términos de un eventual acuerdo.

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Cardenillo tendría una potencia instalada cercana a 596 megavatios. Se ubicaría en el sistema hidroeléctrico del río Paute y figura entre las iniciativas previstas para fortalecer el suministro eléctrico nacional. Su entrada en operación se proyectaba para 2030, pero el proyecto todavía carece de concesión privada, según la información publicada.

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Energía y autogeneración para Mirador II

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Las negociaciones entre el Gobierno y Ecuacorriente se remontan a 2024. Entonces, la discusión giraba alrededor de una obligación contractual de autogeneración hidroeléctrica de 129 megavatios, contemplada desde 2012. La compañía cuestionó esa inversión y sostuvo que correspondía al Estado abastecerla de electricidad.

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Actualmente, Mirador requiere alrededor de 83 megavatios. Con su segunda etapa, la demanda podría alcanzar 180 megavatios. Además, el Decreto Ejecutivo 32 de 2025 estableció exigencias de generación propia para determinados consumidores de alta tensión.

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La expansión minera también modificaría la escala productiva. Las proyecciones divulgadas por la empresa apuntaban a elevar gradualmente el procesamiento de material mineralizado desde 60.000 hasta 140.000 toneladas diarias.

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Decisiones pendientes para la minería ecuatoriana

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La propuesta sobre Mirador Norte y Cardenillo vincularía decisiones mineras con nuevas inversiones energéticas. La definición pendiente deberá precisar cuánto aportaría Ecuacorriente, qué responsabilidades asumiría en Cardenillo y bajo cuáles condiciones contractuales comenzaría a operar Mirador Norte.

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Mirador II: inversión y desafíos energéticos

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La negociación representa un desafío para la minería en Ecuador y la planificación energética nacional. Su resultado podría influir en la ampliación de la producción de cobre, la captación de inversión extranjera y el fortalecimiento del sistema eléctrico.

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No obstante, antes de concretar un acuerdo, será necesario aclarar el presupuesto de Cardenillo, los compromisos contractuales, los mecanismos de financiamiento y los requisitos ambientales correspondientes.

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El futuro de Mirador II dependerá de que ambas partes alcancen condiciones viables para desarrollar la actividad minera y ampliar la infraestructura energética del país.

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Fuentes:

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